José Manuel López Herrero nació el 12 de marzo de 1930 en la ciudad de Antofagasta, en el norte de Chile. Arraigado en una familia de ascendencia asturiana y con estrechos lazos históricos con el Norte Grande y el antiguo puerto de Cobija, creció bajo la impronta de la cultura minera y salitrera de la región. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio San Luis de los Padres Jesuitas en Antofagasta, egresando en 1948.
Trasladado a Santiago para seguir su vocación profesional, ingresó a la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde completó los cinco años de la carrera
universitaria. Durante este periodo lectivo destacó por su erudición humanista, su afición por el pensamiento histórico hispanista —particularmente las obras de Jaime Eyzaguirre— y una caballerosidad natural que definió siempre su trato personal.
En marzo de 1949 se integró a la Juventud Masculina de Schoenstatt en Santiago, incorporándose al grupo «Caballeros del Cenáculo», del cual asumió la jefatura. El 22 de octubre de 1949 selló su Alianza de Amor con la Máter en el Santuario de Bellavista, vinculando definitivamente su vida al Movimiento Apostólico de Schoenstatt.
Respondiendo a la vocación del Señor, ingresó a la comunidad de los padres palotinos (SAC) en marzo de 1955 en Santiago. El 18 de abril del mismo año comenzó su noviciado en el Noviciado José Engling de Pirque, bajo la dirección espiritual del P. Benito Schneider. Formó inicialmente parte del curso Calix Patris (luego Vinctus Pastoris), y a la generación fundadora Unum in Sanguine.
Por su madurez y edad, ejerció tareas de hermano mayor en etapas dolorosas y complejas, y fue ininterrumpidamente el jefe de su curso, Vinctus Pastoris. A fines de los 50’s y principios de los 60’s realizó sus estudios de Teología y Pastoral en el escolasticado de Santa María (Rio Grande do Sul, Brasil) y posteriormente en Friburgo (Suiza) y Estrasburgo (Francia). En 1965 obtuvo el grado de Bachiller en Teología y en Pastoral de Juventud en la Universidad de Friburgo. Durante esta etapa, le correspondió ser protagonista del proceso histórico que llevó a la fundación del Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt (Sión), transitando desde la inicial incorporación en la Sociedad del Apostolado Católico (Padres Palotinos) hacia la nueva comunidad sacerdotal nacida del carisma del P. José Kentenich.
Entre los hitos carismáticos de esta época destaca su activa participación en los momentos de maduración comunitaria que hicieron posible la gestación y entronización de la Cruz de la Unidad en el Santuario de Bellavista durante la Nochebuena de 1960.
El P. José Manuel López Herrero fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1963 en Friburgo, Suiza, por imposición de manos de Mons. Adolfo Tortolo, Arzobispo de Paraná (Argentina). Celebró sus primeras misas en el Santuario de Friburgo los días 02 y 03 de noviembre, y su Primera Misa solemne el 08 de diciembre de 1963 en Leysin (Lausana).
Un símbolo representativo de su consagración e identidad presbiteral fue su característico cáliz rojo de ordenación, concebido de una sola pieza, que expresaba la sobriedad y la entrega incondicional de su ministerio.
El ejercicio pastoral del P. José Manuel abarcó casi seis décadas de servicio en Chile, España y Portugal, estructurado en las siguientes etapas fundamentales:
Primeros pasos de la fundación de los padres de Schoenstatt en Portugal y España: Entre 1964 y 1965 junto al P. Humberto Anwandter intenta encontrar algún obispo que acepte en su diócesis a la nueva comunidad. Cuando todas las puertas se cierran en Portugal, llama al fundador que se encontraba en Roma, y este le da orden expresa de fundar en España. Por eso los padres chilenos comienzan la fundación en España y años más tarde (1976), él también participa de esa fundación por largos años.
Asistencia Provincial y Pastorales Locales en Chile (1968–1976): En 1968 se desempeñó como Asistente del primer Provincial de la comunidad, el P. Francisco Javier Errázuriz, en Santiago.
Entre 1969 y 1976 fue destinado a Viña del Mar como Rector y Asesor de la Juventud Masculina, Juventud Femenina y Rama de Matrimonios, periodo en el cual impulsó y acompañó la edificación del Santuario de Schoenstatt de Agua Santa.
Misión en la Península Ibérica (1976–2007): Destinado a España y Portugal, ejerció durante más de tres décadas como Rector de los Padres y Asesor de las diversas ramas del Movimiento (Juventud, Madres, Profesionales, Hombres y Peregrinas) en Madrid y Barcelona. Fue figura clave en la consolidación institucional y pastoral de la comunidad de los Padres en España, impulsando la bendición del Santuario de Madrid (calle Serrano). Integró asimismo el Consejo de las Comunidades Libres.
Retorno a Bellavista (2007–2026): De regreso a Chile en 2007, fijó su residencia en la Casa Provincial de Sión en Bellavista. Se le encomendó la investigación y redacción de la historia de la generación fundadora, Unum in Sanguine, junto a la responsabilidad como Encargado de la Capilla Provincial, tareas de sacristía, cuidado del jardín y atención litúrgica en el Santuario de Bellavista.
En el plano humano, el P. José Manuel López Herrero, fue un hermano de comunidad muy querido, con un gran amor a la comunidad de los padres de Schoenstatt y una fe inquebrantable en la alianza de amor. Combinó una fina caballerosidad y cultura académica con un humor sereno que unía la sobriedad española y el ingenio chileno. Destacó por la alegría permanente, la gratitud a Dios por su conducción en todo momento, una gran capacidad de escucha y un estilo de acogida cálido y familiar.
También se destacó por su expresividad musical y literaria como guitarrista e intérprete de canciones y poemas de raíz ibérica.
Pidió ser enterrado con su túnica de Sión y una estola con el ideal y los símbolos de la delegación de los padres de Schoenstatt en la Península Ibérica: “Sion Marie” (Sión de María), que tiene bordados una corona y un puente. Este deseo final muestra su corazón de misionero, que partiendo de Bellavista, entregó alma, vida y corazón por la fundación de Schoenstatt en la Península Ibérica. Es bonito también que haya podido regresar al origen y pasar largos años a la sombra del santuario de Bellavista que hoy lo recibe como semilla fecunda para siempre.
